Hace doscientos años, el 4 de agosto de 1821, nacía en Anchay, un pequeño pueblo francés, un talentoso niño llamado Louis Vuitton. Era hijo de una sombrerera, que murió cuando él apenas tenía 10 años, y de un padre campesino que volvió a casarse al poco tiempo de enviudar, algo que lo marcó en su niñez y lo hizo abandonar su casa paterna con solo 13 años para mudarse a París.

 

Cuenta la leyenda que el viaje de 470 kilómetros lo hizo a pie, y le llevó dos años, tiempo en el que vivió en refugios y hacía changas para poder comer.

 

Seguramente en ese momento nunca pensó, ni por casualidad, que su nombre iba a convertirse en sinónimo de lujo: en el siglo XXI su monograma LV encabeza una empresa cuya materia es el glamour y es considerada la más valiosa del mundo, según BrandZ Global.


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