El centro y sureste se han convertido en los nuevos focos de la pandemia de COVID-19 en Europa, con una virulenta cuarta oleada que, propiciada por bajos índices de vacunación, ha elevado las tasas de infecciones y mortalidad hasta máximos absolutos.

 

Los expertos atribuyen la gravedad de la situación a la llegada del frío y la expansión de la variante Delta del SARS-CoV-2 -más contagiosa que las cepas anteriores- en poblaciones poco inmunizadas.

 

Los datos más recientes de la plataforma Our World in Data revelan una correlación clara entre los bajos índices de vacunación y las altas tasas de mortalidad en la región, sobre todo en la parte sureste de Europa.

 

Bulgaria, el país más pobre de la Unión Europea (UE), está a la cola de la inmunización, con apenas 22.5 por ciento de la población inmunizada por completo, y a la cabeza en la tasa de mortalidad, con una media diaria de casi 23 muertos por cada millón de habitantes.

 

La situación contrasta con la de países como España, donde cerca de 74 por ciento de la población está vacunada dos veces y la tasa media de muertes diarias se situaba en 0.58 por millón de habitantes.


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