Desde el comienzo de la pandemia, el coronavirus que causa el Covid-19 ha estado mutando. Su código genético fue cambiando lentamente a medida que se propaga de persona a persona por todo el mundo. Durante la mayor parte de ese tiempo, las mutaciones no parecían significativas en cuanto a la peligrosidad del virus. Algunas de esas mutaciones incluso debilitan el virus.

 

Sin embargo, aparecieron variantes que sí merecieron atención. Algunas son clasificadas como de interés y otras de preocupación por su mayor transmisibilidad o por las posibilidad de que aumente la cantidad de casos que requieran hospitalización o reduzcan la eficacia de vacunas y tratamientos.

 

A lo largo de la pandemia, fueron surgiendo muchas variantes del coronavirus. Algunas variantes se han extendido por todo el mundo y han contribuido a alargar la pandemia, como la variante Delta -que se había detectado en octubre de 2020 y hoy es la que predomina en el mundo-, mientras que otras se han desvanecido o han sido suplantadas.

 

En este momento, hay cinco variantes de preocupación en el mundo: Alpha, que fue detectada en el Reino Unido en diciembre del año pasado; Beta (en Sudáfrica en diciembre de 2020), Gamma (fue detectada en Brasil en enero pasado y predominó en la segunda ola de la pandemia en Argentina desde marzo a agosto), Delta y Ómicron (que la OMS considera que fue detectada en diferentes países simultáneamente y no sólo en Sudáfrica).