Documentos históricos indican que la Batalla de Puebla comenzó a celebrarse en el estado de California por personas que aún se sentían identificadas con la incipiente nacionalidad mexicana en un pedazo del territorio que había sido recientemente anexado por los Estados Unidos.


Los ciudadanos vieron en la victoria del ejército mexicano una ‘defensa de la libertad’ y por ello comenzaron a festejarla. Pocos continuaron con la celebración hasta que a mediados del siglo XX, una mayor presencia de migrantes que enarbolaban el movimiento chicano la retomó y la volvió parte de su identidad.


Entre la década de los ochentas y los noventas, las empresas cerveceras de Estados Unidos comenzaron a utilizar esta fecha en sus estrategias de marketing. Así fueron ganándose a consumidores mexicoamericanos, exhortándolos a celebrar su herencia con Coronas, Bud Lights y Dos Equis.

Otras compañías comenzaron a hacer lo mismo hasta que la fecha se popularizó y se redefinió como una celebración de la cultura mexicana en el extranjero.


A pesar de que su comercialización ha llevado a que muchas personas desconozcan su verdadero origen o a que perpetúen estereotipos racistas como todos aquellos estadounidenses que creen que en México lo único que se hace es tomar y bailar al ritmo de La Cucaracha, es importante resaltar que en algún momento los connacionales que habitan al norte la vieron como una oportunidad para reivindicar su identidad mexicana y reforzar el vínculo con sus raíces.