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Cada vez más personas creen que podrían vivir el fin del mundo: la psicología intenta explicar por qué

 

Durante siglos, el fin del mundo perteneció principalmente a las profecías religiosas. Ahora también tiene centros de datos, temperaturas récord, armas nucleares y algoritmos. Una investigación publicada en 2026 encontró algo sorprendente: en una muestra nacional estadounidense, cerca de uno de cada tres participantes consideraba que el mundo terminaría durante su propia vida. El apocalipsis no desapareció de nuestra imaginación cuando las sociedades se volvieron más tecnológicas; simplemente comenzó a adoptar nuevos escenarios.

El trabajo, encabezado por Matthew Billet y publicado en Journal of Personality and Social Psychology, reunió varios estudios con más de 3,400 participantes de Estados Unidos y Canadá. Los investigadores analizaron lo que denominan creencias apocalípticas: la expectativa de que la humanidad o el mundo tal como lo conocemos pueda experimentar un final catastrófico. Lo relevante no es solamente cuántas personas creen algo así, sino que esas creencias parecen relacionarse con la manera en que interpretan amenazas contemporáneas.

Y hoy existen suficientes amenazas para llenar nuestra imaginación. Inteligencia artificial, cambio climático, pandemias, guerras y armas nucleares pueden incorporarse fácilmente a narrativas sobre un futuro catastrófico. En Estados Unidos, por ejemplo, YouGov encontró en septiembre de 2026 que 50% de los adultos estaba al menos algo preocupado por la posibilidad de que la IA provoque el fin de la humanidad, frente a 42% en 2023. Eso no significa que la mitad considere inevitable ese escenario: la encuesta mide preocupación, no una predicción científica.

El cambio climático produce otra clase de pesimismo. Una encuesta de Pew realizada en marzo encontró que alrededor de seis de cada diez estadounidenses creen que los países del mundo no harán lo suficiente para evitar sus peores efectos. Con la IA ocurre algo parecido: otro estudio de Pew encontró que 63% considera que está avanzando demasiado rápido. La sensación contemporánea no parece ser solamente que existen peligros, sino que algunos están evolucionando más rápido que nuestra capacidad para controlarlos.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre reconocer un riesgo y pensar apocalípticamente. La investigación de Billet encontró que las creencias sobre el fin del mundo podían relacionarse con respuestas distintas ante problemas globales dependiendo de cómo las personas entendieran la causa del supuesto final. Cuando una catástrofe se percibe como inevitable, existe el riesgo de que actuar parezca inútil. Si estamos convencidos de que el barco necesariamente se hundirá, reparar una pequeña grieta puede dejar de parecernos importante.

La paradoja es que vivimos rodeados simultáneamente de miedo y progreso. La misma IA que provoca temor por desempleo, desinformación o riesgos extremos también despierta esperanzas sobre medicina y discapacidad. Una encuesta de Anthropic realizada entre casi 52,000 estadounidenses encontró que curar enfermedades como cáncer o Alzheimer estaba entre las principales esperanzas depositadas en la tecnología, mientras la pérdida de empleos encabezaba sus temores. Podemos imaginar con la misma herramienta tanto una cura extraordinaria como una catástrofe.

Quizá por eso nuestra época no inventó el miedo al fin del mundo; simplemente encontró nuevas razones para representarlo. Antes fueron cometas, profecías o castigos divinos. Hoy pueden ser algoritmos, temperaturas, virus o guerras. La diferencia importante está en lo que hacemos con ese miedo. Imaginar una catástrofe puede ayudarnos a reconocer un peligro y prevenirlo; convencernos de que la catástrofe es inevitable puede conseguir exactamente lo contrario. El verdadero riesgo comienza cuando dejamos de imaginar el futuro como algo que todavía podemos cambiar.

Fuentes: Billet et al., Journal of Personality and Social Psychology (2026), investigación sobre creencias apocalípticas; University of British Columbia y University of California, Irvine; YouGov, encuesta sobre IA y riesgo existencial (septiembre de 2026); Pew Research Center, estudios sobre inteligencia artificial y cambio climático (2026); Anthropic Public Record (2026); SinEmbargo, cobertura sobre temores contemporáneos al fin del mundo (septiembre de 2026).

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