Mientras el debate público sobre inteligencia artificial se concentra mayormente en sus capacidades técnicas y sus riesgos inmediatos, organismos multilaterales como Naciones Unidas y el Banco Mundial advierten sobre una dimensión distinta y menos visible del fenómeno: una nueva brecha digital global, estructuralmente distinta de la brecha de acceso a internet de generaciones anteriores, definida no solo por quién puede usar herramientas de inteligencia artificial, sino por quién controla la infraestructura física y de cómputo —centros de datos masivos, chips especializados, modelos fundacionales— sobre la que esas herramientas se construyen.
El dato central que ilustra la magnitud de esta concentración es geográfico: un número extremadamente reducido de países —principalmente Estados Unidos y China, con la Unión Europea ocupando una posición considerablemente más rezagada— alberga la inmensa mayoría de la infraestructura de cómputo de alto rendimiento necesaria para entrenar los modelos de IA más avanzados del mundo, mientras que regiones enteras, particularmente en África, América Latina y buena parte de Asia, dependen casi por completo de infraestructura extranjera para acceder a las capacidades más avanzadas de esta tecnología, sin capacidad soberana propia de desarrollarla de forma independiente.
Esta concentración de infraestructura genera lo que especialistas en desarrollo describen como una "doble brecha": no solo la brecha de acceso tradicional a la tecnología, sino una brecha adicional en la capacidad de participar en el diseño y gobernanza de esa tecnología, dado que los modelos de IA más influyentes se entrenan predominantemente con datos, idiomas y contextos culturales de los países que controlan su desarrollo, lo que genera sesgos estructurales que pueden resultar menos precisos, menos relevantes o directamente inadecuados cuando se aplican a contextos sociales, lingüísticos y económicos muy distintos de aquellos donde la tecnología fue originalmente entrenada y optimizada.
El sector salud ilustra de forma concreta las implicaciones prácticas de esta brecha: mientras los sistemas de salud de países desarrollados comienzan a integrar herramientas de diagnóstico asistido por IA con resultados prometedores, los sistemas de salud del sur global enfrentan lo que algunos análisis describen como una "doble brecha" específica en este sector, incapaces tanto de acceder a la infraestructura de cómputo necesaria como de generar los datos médicos locales de calidad suficiente para entrenar o adaptar modelos que funcionen adecuadamente para sus propias poblaciones, perpetuando así, en un ámbito de alto impacto directo en la vida de las personas, la misma concentración de capacidad tecnológica que caracteriza a la industria de IA en su conjunto.
La preocupación de fondo que organismos como Naciones Unidas han comenzado a señalar de forma más explícita es que, a diferencia de brechas tecnológicas anteriores que tendieron a reducirse gradualmente con el tiempo conforme la tecnología se abarataba y difundía —como ocurrió, con matices, con la telefonía móvil e incluso con el acceso a internet—, la naturaleza de la infraestructura de IA de vanguardia, que requiere inversiones de capital extraordinariamente concentradas y economías de escala que favorecen sistemáticamente a quienes ya tienen ventaja, podría generar una brecha considerablemente más persistente y difícil de cerrar mediante las dinámicas de mercado convencionales, lo que ha llevado a un número creciente de voces a plantear la necesidad de mecanismos de cooperación internacional deliberados —y no solo la esperanza de que el mercado eventualmente distribuya el acceso de forma más equitativa— para evitar que esta tecnología termine profundizando, en lugar de reduciendo, las desigualdades globales existentes.
Fuentes: Infobae ("Así se está construyendo una nueva brecha digital"), Infobae ("La expansión de la IA trae consigo un nuevo peligro, según la ONU"), trasfondoinformativo.com ("La IA avanza en salud, pero el sur enfrenta una doble brecha"), Banco Mundial (Informe de Desarrollo 2026 sobre IA en países en desarrollo).

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