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Gramsci y la guerra por las palabras


La política contemporánea se parece menos a una discusión sobre políticas públicas y más a una pelea por el diccionario. “Pueblo”, “élite”, “derechos”, “traición”, “seguridad”: cada término no solo describe, ordena. Decide quién cuenta como víctima, quién como amenaza, qué demandas son “legítimas” y cuáles son “chantaje”, qué se puede decir sin castigo y qué se vuelve indecible. La controversia real no es semántica: es material. Cambiar el vocabulario cambia el perímetro de lo pensable y, por tanto, de lo gobernable.


La ciencia social tiene una palabra técnica para esto: framing. Entman lo definió con precisión: encuadrar es seleccionar aspectos de la realidad y volverlos más salientes para promover una definición del problema, una interpretación causal, una evaluación moral y una recomendación de tratamiento. En otras palabras: antes de discutir “qué hacer”, el frame ya decidió “qué está pasando” y “quién es el responsable”. Cuando un actor político logra imponer el frame dominante, no gana solo la discusión: gana el terreno donde la discusión ocurre.


La evidencia experimental muestra que el lenguaje no es adorno, sino palanca. El clásico trabajo de Tversky y Kahneman demostró que, con los mismos resultados numéricos, presentar una decisión en términos de “vidas salvadas” o “muertes” altera sistemáticamente preferencias de riesgo. Y en el dominio político la cosa no se queda en anécdotas: una meta-síntesis de 138 experimentos encontró que los encuadres tienen efectos medianos sobre actitudes y emociones, aunque sus efectos sobre conducta tienden a ser negligibles, especialmente cuando hay competencia de frames (es decir, cuando no hay monopolio discursivo). El punto es incómodo para ambos bandos: el lenguaje influye, pero no es magia; funciona mejor cuando un lado controla el vocabulario y el otro llega tarde.


Aquí Gramsci deja de ser cita decorativa y se vuelve método. En su noción de hegemonía, el dominio no se sostiene solo por coerción, sino por “liderazgo intelectual y moral”: la capacidad de convertir la visión del mundo de un bloque dirigente en sentido común compartido. Cuando “seguridad” se vuelve sinónimo de excepción, cuando “pueblo” se define como un solo grupo moralmente puro, o cuando “derechos” se enmarcan como privilegios de minorías sospechosas, el poder ya no necesita convencer cada vez: ya instaló el marco.


La psicología política ayuda a explicar por qué ciertos diccionarios prenden con tanta facilidad. La Moral Foundations Theory propone que nuestras intuiciones morales se organizan en varios “canales” (cuidado/daño, justicia, lealtad, autoridad, pureza, etc.) y que los discursos públicos compiten activando combinaciones distintas de esos resortes. Así, palabras como “traición” o “orden” no son neutrales: son gatillos morales que convierten desacuerdos técnicos en batallas identitarias, donde ceder equivale a contaminarse o desertar.


Por eso las disputas grandes suelen esconderse en operaciones pequeñas y repetibles: renombrar actores (“beneficiario” vs. “dependiente”), moralizar categorías (“ciudadano de bien” vs. “enemigo interno”), convertir problemas complejos en relatos de carácter (“no se esfuerza”, “no denuncia bien”), o introducir términos que vuelven castigable lo que antes era discutible. No es propaganda genérica; es ingeniería de decibilidad: controlar qué frases abren puertas institucionales y cuáles disparan sanción simbólica, mediática o burocrática.


La salida no es fingir neutralidad —no existe vocabulario sin valores— sino exigir método: rastrear definiciones operativas, detectar qué causas y soluciones cada frame vuelve “naturales”, y obligar a que las políticas se justifiquen más allá del diccionario que las protege. Porque, al final, quien controla las palabras no controla toda la realidad… pero sí controla una parte decisiva: qué realidad puede reclamarse sin ser castigada.


Referencias 


Amsalem, E., & Zoizner, A. (2022). Real, but limited: A meta-analytic assessment of framing effects in the political domain. British Journal of Political Science, 52(1), 221–237. doi:10.1017/S0007123420000253


Entman, R. M. (1993). Framing: Toward clarification of a fractured paradigm. Journal of Communication, 43(4), 51–58.


Graham, J., Haidt, J., Nosek, B. A., Iyer, R., Koleva, S., & Ditto, P. H. (2013). Moral foundations theory: The pragmatic validity of moral pluralism. En P. Devine & A. Plant (Eds.), Advances in Experimental Social Psychology (Vol. 47, pp. 55–130). Academic Press.


Martin, J. (2023). Antonio Gramsci. Stanford Encyclopedia of Philosophy.


Moral Foundations Theory. (s. f.). MoralFoundations.org.


Tversky, A., & Kahneman, D. (1981). The framing of decisions and the psychology of choice. Science, 211(4481), 453–458.

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